“Siempre esperé a una compañera en el túnel, quisiera dejarle mi lugar de perforación en tiros largos a una mujer”

Así lo manifestó Cristina Soto (48) oriunda de Puerto Deseado, ingresó en 2013 a Cerro Moro y fue la primera mujer de la localidad en ingresar en minería y la primera en el yacimiento. A continuación te presentamos su historia, los detalles de su ingreso, los primeros desafíos, la superación personal y el trabajo en mina subterránea.

Cristina Soto bajo mina

Cristina trabaja desde los quince, fue mamá soltera a sus veinte años y desde ahí no ha parado de buscar las estrategias que le permitieron poder mantener a su hija y brindarle todas las comodidades que necesitaba. Se desempeñó como administrativa en una empresa pesquera de la localidad durante diez años: “Cargaba los anticipos de puerto y los pedidos de buque, estaba ocho horas sentada detrás de una computadora”, Cristina  hasta el día de hoy se acuerda de los nombres de los barcos y de los tripulantes.

En 2010, la Escuela Industrial N°3 “Oscar Smith”, dictó un curso de Auxiliar en Minería y ella lo realizó mientras continuaba trabajando, ahií pudo aprender todo en teoría y práctica en aire reverso, diamantina y cielo abierto. Una vez finalizado y aprobado “la empresa me realizó varias entrevistas, me querían para la parte de campamento, recursos humanos o administración, a mí no me interesaba estar diez años más atrás de un escritorio, quería otra cosa”, manifestó la trabajadora minera.

El comienzo

El 28 de marzo de 2013 dieciocho personas realizaron la inducción en Cerro Moro, la inducción al ingresar a trabajar es el procedimiento por el cual la empresa se presenta a los nuevos empleados para ayudarles a integrarse al trabajo y tener un comienzo productivo. “Eran 17 varones y yo, fui la primer mujer en entrar y estuvimos cinco meses en capacitación, nos explicaron lo que iba hacer el túnel y me llamaron la atención las maquinas, aprendí desde cero sobre el oficio minero”, recordó Cristina.

Además agregó: “Sentía mucha adrenalina porque iban hacer la primer voladura para abrir el túnel, nos encargamos de las tareas previas de colocación de carteles y era todo al aire libre, hice cosas ‘de hombre’ que nunca había hecho y me pareció divertido”, también comentó que los llevaron a todos al lugar donde iban hacer la apertura de Escondida Far West, “quedé impactada de todo lo que no sabía, me asombré al estar frente a la imponente minería”.

Con respecto al ámbito de trabajo, Cristina comentó que a veces hay momentos tensos cuando se desatan discusiones entre compañeros, eran discusiones sobre trabajo que la ponían nerviosa. Al ser consultada, si en su condición de mujer tuvo que enfrentarse a ciertos retos para hacer su estadía en el yacimiento más agradable, ella respondió: “Mis compañeros mineros son muy unidos y yo me sentí siempre parte ellos, nunca me discriminaron o me hicieron sentir excluida. Yo tengo un carácter bastante fuerte, no me afectó para nada estar entre varones. No me intimidé ni por un momento, al contrario, siempre me trataron con respeto”.

 

Proyectos

Al ser madre soltera desde muy joven Cristina siempre se la tuvo que arreglar como podía, siempre hilando fino con todos los trabajos anteriores para que alcance para todo. A medida que su hija fue creciendo se pudo administrar mejor, actualmente tiene bienes que los adquirió antes de entrar en minería. “Mi objetivo era el progreso personal, siempre quise disfrutar de la vida, quería vacaciones y conocer el mundo, pero no lo podía hacer porque no me alcanzaba y porque prioricé tener bien a mi hija”.

Ahora lo material no es tan importante para ella, se encuentra en una etapa de disfrute personal luego de tantos años trabajando (33 para ser exactos), pudo conocer Turquía, Republica Dominicana, Brasil, Chile y varios lugares de Argentina. “Todo aquel que trabaje en minería merece poder darse lujos porque el trabajo en minería es fuerte”.

Cristina Soto, minera.

Nos pudo explicar que la labor minera es mucho más complicada que el resto, es un trabajo forzado y corre riesgo la vida del empleado, los pulmones, las articulaciones y la integridad física. “Yo me entreno y hago pesas porque tengo que levantar barras de 15 o 20 kilos, hago ejercicio porque tengo que estar entrenada, tengo que estar bien de salud y estar bien físicamente”. Describió que en el trabajo en mina subterránea se está expuesto al polvo, la tierra, el agua, los gases y los ruidos, sin embargo, Cristina siente el túnel como su segunda casa. Siente que ser perforista es lo mejor que le pasó, “me gustaría que una chica entre al túnel conmigo para dejarle el legado de perforación en tiros largos”.

Por último, reflexionó que para ser minero hay que tener algo que te incentive, porque los y las mineras dejan a sus familias durante 14 días y el deseo más grande es volver sanos y salvos a disfrutar de ellos. “Hay que tener ganas de progresar y una meta, te tiene que gustar, hay que tener aptitud, voluntad, y estar dedicado al cien por ciento, hay que levantarse con ganas de ir a laburar y ponerle todas las pilas cuando te pasan a buscar, si vas con el pensamiento de la plata estas perdido”, sentenció.

Acerca de Celeste