El Macizo del Deseado y los yacimientos de oro y plata

un macizo deseado

(Por Roberto Mendoza especial para La Opinión Austral)

En la última década del siglo XX, numerosas empresas de primera línea, desembarcaron al norte del río Santa Cruz, para realizar tareas de exploración. La búsqueda estaba basada en la información proveniente del programa exploratorio conocido como Plan Patagonia Comahue, desarrollado por el área de Minería de Nación y descubridor, entre otros yacimientos menores, del prospecto de oro de Cerro Vanguardia.
Es así que, más o menos por los mismos años, recorrieron distintos sectores del territorio santacruceño las mineras Xstrata Corp, Barrick Gold, Yamana Gold y la misma AngloGold –ya instalada en Cerro Vanguardia–, entre otras, buscando yacimientos de oro y plata factibles de ser explotados.
Los resultados iniciales no entusiasmaron a esas compañías de gran porte, y las distintas propiedades fueron vendidas a empresas como Patagonia Gold, Andean Resources, Minera Andes y Exeter, entre otras.
Paralelamente, la estatal santacruceña Fomicruz, realizó exploraciones superficiales, con cateos sobre las áreas que mostraban un perfil digno de iniciar programas de perforación más ambiciosos.
Pero sucedió que estas pequeñas y medianas compañías, apoyadas en los avances tecnológicos, encontraron que los pequeños prospectos escondían, en la mayoría de los casos, riquezas minerales mucho más grandes que las inicialmente estimadas, lo que llevó a multiplicar la presencia de exploradoras en la región y, al mismo tiempo, que muchas de las grandes volvieran a mirar a Santa Cruz con otras expectativas.
El proceso no fue en cualquier punto de la Provincia, sino que se concentró en un sector específico: el Macizo del Deseado.

Una balsa rígida

El Macizo del Deseado es un distrito geológico ubicado en el sector centro norte de la provincia de Santa Cruz, limitado al norte por el río Deseado, al oeste y sur por una línea que es paralela al río Chico hasta el paraje Las Horquetas y luego por la ruta nacional N° 40 hasta Perito Moreno, y al oriente por el Alto del Deseado, en la plataforma continental argentina. Ha sido considerado, desde el trabajo de 1962 del geólogo del Segemar Horacio Harrington, como un nesocratón.
Un cratón o cratógeno (del griego kraton, cuenco muy plano) es una masa continental llegada a tal estado de rigidez en un lejano pasado geológico que, desde entonces, no ha sufrido fragmentaciones o deformaciones, al no haber sido afectada por los movimientos orogénicos.
La teoría (prácticamente ya comprobada de un modo absoluto) de la tectónica de placas considera a cada cratón como una especie de balsa particularmente inerte en el manto del planeta. En torno a los cratones se condensarían los continentes, durante la deriva continental.
Hace poco más de 200 millones de años, la separación del súper continente de Gondwana en los actuales continentes de África y América ocasionó el desarrollo de muchas erupciones fragmentarias en la región, generándose depósitos y yacimientos minerales de menos de un kilómetro de profundidad, que rellenaron venas del terreno, lugar de localización de los yacimientos de oro y plata de la provincia de Santa Cruz.
Las sucesivas capas de sedimentos depositados, dieron lugar a lo que se conoce como formaciones, entre las que se destacan Chon Aike, que corre desde la zona de la Cueva de las Manos hacia el este.
Regionalmente, Chon Aike conformó una extensa meseta de rocas volcánicas fragmentarias que cubrió el relieve previo, ahogándolo totalmente. Su génesis corresponde al emplazamiento de enormes volúmenes de materiales ácidos.
La formación La Matilde, que se presenta entrelazada lateral y verticalmente con la anterior, está formada por tobas y depósitos volcánicos sedimentarios con delgados mantos intercalados, y es conocida por ser portadora de los grandes restos silicificados de araucariáceas que constituyen el Monumento Natural Bosque Petrificado.

Un tipo de recursos

En el Macizo del Deseado se localiza la mayor cantidad de minas activas de la Patagonia: Cerro Vanguardia, Martha, San José y Manantial Espejo. La mayoría de estas mineralizaciones se alojan en la formación Chon Aike, pero también lo hacen en las formaciones Bajo Pobre, Roca Blanca, El Tranquilo y La Modesta. El tipo de mineralizaciones portadoras de oro y plata halladas hasta el presente pueden incluirse dentro de los denominados depósitos epitermales que son condiciones de baja temperatura y profundidad, en general relacionada a volcanismo.
En todos los depósitos que se encuentran actualmente en explotación, la mineralización es de tipo vetiforme. Las vetas son los principales objetivos de exploración en la mayoría de los prospectos, aunque en ocasiones se incluyen redes de venillas y stockworks (mineralización en forma de venillas en una roca compacta). Sin embargo, también se han hallado mineralizaciones diseminadas, normalmente con bajos tenores de oro, alojadas en domos de lava, como en el área de La Manchuria y en algunos prospectos del noroeste del Macizo. De acuerdo a los fechados radiométricos existentes, las mineralizaciones de oro y plata son algunos años más jóvenes que las rocas que las envuelven, por haberse producido cuando los episodios volcánicos tocaban a su fin.
Además de los recursos minerales, en el Macizo del Deseado se encuentran importantes yacimientos paleontológicos, con depósitos de flora fosilizada y soterrada, como es el caso de la formación La Golondrina (280 millones de años).

Mineros en la puerta

El Macizo del Deseado (75.000 kilómetros cuadrados, un 30% del territorio provincial), continúa emergiendo como un distrito de oro y plata de clase mundial, con nuevos proyectos en desarrollo, descubrimientos y con una actividad de exploración muy activa.
En su totalidad, este distrito geológico se encuentra dentro de la zona de “interés especial minero”, establecido por ley de la Legislatura santacruceña, sector delimitado por el río Santa Cruz al sur, la traza histórica de la ruta 40 al oeste, la provincia de Chubut al norte y el Mar Argentino al este.
El interrogante que surge es si las empresas junior, que son las que están hoy mayormente trabajando, explotarán esos proyectos, los venderán a grupos más grandes (como ocurrió con el prospecto Cerro Negro, que pasó de Andean a Goldcorp), o intentarán coordinar esfuerzos para cooperar entre sí.
Más allá de lo que ocurre, el verdadero desafío consiste en lograr que cada gramo de mineral repercuta positivamente en el desarrollo de las comunidades, para aprovechar al máximo una actividad que en la última década pasó de representar el 0,3 % del PBI a casi el 5%.

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